martes, 9 de abril de 2013

¿Por qué sigo aquí?

Uno de mis grandes secretos es que cuando debí tomar el taller de Didáctica de la Literatura en la carrera, le di la vuelta. Les soy sincera: no me llamaba la atención, se me hacía aburrida, tonta, sin sentido y no está de más añadir que de seguro pensaba que no lo necesitaba. No sé si lo pensaba, pero debe ser así porque de estudiante fui medio tonta. En cambio, elegí el Taller de creación literaria (asumiendo así que por fin escribiría todos los poemas que nunca escribiré). Fue un fracaso. Terminé con un 70 en el taller porque ni sé hacer poemas y ni era de poemas, era de cuentos, para lo que soy peor.

Conocí a Dalina en ese fatídico semestre, estaba en 3er semestre de la facultad y tenía 18 años. Creo que por su relación con la clase, con el grupo y su campechanés empecé a sentirme estúpida al no tomar el taller; por un lado estaba reprobando creación y por otro, todos se empeñaban en hacer no sé qué programas didácticos y estaba relegada a un tema que desconocía. Hasta la fecha me molesta no saber de qué hablan mis amigos.

Y bueno, Dalina es Dalina, y como llevaba una clase con ella me invitó a participar con su grupo a pesar de 1. No haber leído la teoría, 2. No estar en su clase, 3. Haberla rechazado en un principio (eso ella no lo sabía pero ahora que lee esto lo sabe). Me habló de Biblionautas, del programa piloto que había aceptado el entonces director y de los planes que tendríamos en abril para llevarlo a cabo.

Como ya era avanzado el semestre me integré como observadora en todos los programas ya hechos: el primero con Dalina e Irma, el segundo con Samantha y Andrés, el tercero con Mario y para finalizar, apoyé a Elisa en la creación de la última etapa del proyecto piloto.

Hago memoria y no recuerdo mis primeras impresiones, sólo recuerdo las caras de los niños. Es verdad, me acuerdo de dos hermanitos, una niña de 10 años delgadita con los dientes chistosos y su hermano también flaquito flaquito. Me acuerdo de Luna y Milner. Me acuerdo de sus risas y quizá de algunos gestos de asco o miedo. Me veo a mí leyendo en voz alta (por primera vez) y encontrando libros que nunca me hubiera propuesto adquirir en una librería.

De seguro cometí muchos errores y pensar en eso me da pena, estaba en 3er o 4to semestre, cómo no equivocarme, no sabía nada y estaba aprendiendo todo. Estaba leyendo, escribiendo, hablando en voz alta, filosofando y todo eso lo estaba haciendo en Biblionautas. 
Después de mi fracaso con la creación y mi deslumbramiento con el proyecto piloto de Biblionautas, tomé la resolución de leer, leer mucho, por una parte literatura infantil, por otra, teoría sobre la enseñanza, la docencia, etc. Y dije, pos' hora sí me inscribo al taller de didáctica. Sin embargo, la didáctica y yo nunca nos veríamos las caras. Ese semestre no se abrió el taller y tuve que saltar de nivel: Práctica docente de la Lengua y la Literatura (¿por qué me dejaron llevar un taller del que no había llevado la primera parte?), ahí seguí mi relación con Dalina, con Biblionautas y con la difusión literaria.

¿Saben? a los estudiantes de letras les hace falta que les avienten una tina llena de humildad en la cara. No sé si yo no soy o fui lo suficientemente humilde, modesta o lo que sea, como estudiante, lo que sí sé es que en ese momento había tantas otras cosas MÁS que no sabía. Para mí estaba claro que a Letras se iba a leer, pero en los talleres de Dalina se iba a trabajar. Suena chistoso, pero me refiero a trabajar la mente (y también a hacer como pinchesmil de trabajos), ser más abiertos. Y es que Dalina enseña lo que predica, o sea, sí, todos los maestros lo hacen, pero me refiero a que lo que leíamos en Vigostky por ejemplo, lo veíamos en ella, en los talleres de Biblionautas, en ella dando los talleres de Biblionautas, en su forma de hablar y de ser. Si no entendíamos una teoría, la llevábamos a la práctica con los niños. Veíamos resultados y eso, para mí, llegó a brindarme las ideas de lo que debería ser mi carrera de Letras.

Luego Biblionautas fue creciendo, ya no sólo dábamos talleres a niños sino que organizábamos clubes de lectura, obras de teatro, performances. Ya no éramos sólo estudiantes de Letras, conocí a Monse, a Alberto y a Isaac, compañeros de filosofía. Creo que esa fue mi mejor época, Monse y yo nos divertimos mucho, un 2 de noviembre contamos historias de terror y Alberto nos hizo creer una leyenda que él había inventado, Monse se maquilló como la Catrina. Otra vez, leímos una historia de un salón de clases que plantó un árbol de chicles... ¿conocen el famoso poste de chicles de la UANL? bueno, hasta allá nos llevó esa historia. 
También conocía a Juany y a Mayela, una vez nos apoyaron en la lectura de El libro apestoso de Babette Cole. Hicieron unas cajas hermosamente decoradas donde metieron ¡cebollas! para que los niños las olieran...

Realmente conocí a mucha gente a través de Biblionautas, a estudiantes y a niños. Era una cosa increíble conocer otros puntos de vista, otras historias y otras lecturas. Me reí mucho y viaje mucho (Argentina fue mi tope) y si me lo preguntan, fue cuando mi carrera empezó a tomar forma. Será lo que será, pero mi etapa estudiantil fue memorable por esas personas que se aparecieron en mi vida.

La cereza del pastel fue el profesor Canizález y conocer a Francisco Hinojosa. El profesor Canizález nos apoyó desde siglos antes de ser coordinador, siempre se mostró interesado en lo que hacíamos y, al contrario de otros profesores, ponía atención cuando se lo platicábamos. Nos dio lugares, nos dio voz, nos tomó en cuenta y creyó en nosotros. 
Y gracias a eso llevamos a Hinojosa a FFYL. Yo leí a Hinojosa de "grande" y de grande me sentí como niña en navidad. Asistí a su taller, a su presentación, leíamos toda su obra.

Ese fue mi último semestre como estudiante.

Ahora tengo 24 años y sigo siendo biblionauta. ¿por qué? 
A todos los estudiantes de Letras nos hicieron esa pregunta de por qué estudiamos Letras, yo siempre me mostraba harta de eso. Me imagino que fue porque en realidad ni sabía por qué había estudiado letras. Me gusta leer, pero estudiar una carrera debe ser más que sólo me gusta leer. Yo creo que me gusta leer y me gusta platicar con las personas sobre las lecturas que leo, me gusta dar clases, me gusta enseñar, pero también me gusta pensar que estoy haciendo un cambio en mi entorno más cercano. 
Este razonamiento, o más bien, este camino, me lo mostró el grupo al que pertenezco. Sin Dalina, Irma, las personas que han sido parte de Biblionautas: Elisa, Mario, Monse, Alberto, Isaac... y las que siguen aquí: Manu, Caracol, Pamela, Dani, Pams, Susy, sin ellas las cosas, me imagino, serían diferentes. 

O no sé, tal vez no, pero definitivamente mi vida sería muy aburrida. 

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