martes, 25 de mayo de 2010

Nuevas perspectivas en la difusión y enseñanza de la Literatura como un arte para todos (Primera Parte)

No se escribe para ser escritor, ni se lee para ser lector. 
Se escribe y se lee para comprender el mundo 

Juan José Millas 



Los valores simbólicos que se le ha asignado a los objetos sofisticados y tecnológicos parten de un creciente fervor ante el auge de cambios que nos ha proveído la modernidad, este valor que tienen los objetos varía dependiendo de la disposición que tienen ante un público determinado, según John Thompson, el valor puede variar en virtud de las formas y la medida en que son estimados por los individuos que los producen y reciben; es decir, elogiados o denunciados, apreciados o despreciados por tales individuos (1998: 229-230) por lo tanto, los objetos electrónicos como los libros dependerán de la forma en que el receptor se sienta atraído por los mismos, ¿cómo lograr que la lectura sea imprescindible para un grupo de individuos amplios y ajenos a los estudios eruditos de la actualidad? 

Si bien, una actividad humanística, como es la lectura, podría considerarse como un gusto de pocos, un gusto que se ha convertido en juguete de algunos intelectuales melancólicos, escritores burgueses y uno que otro profesor desorientado, se entiende que la lectura afecta el sentido que el lector tiene acerca de la personalidad y de la sociedad humana (Rosenblatt, 2002: 30); y es así como ese mismo conocimiento puede proveer de un desarrollo no sólo individual, sino social. A estas alturas, donde el 39.9 de los mexicanos acostumbra leer revistas de espectáculo y otro 34. 4 revistas “femeninas” de moda o cocina, (Encuesta nacional CONACULTA, 2006) es necesario no sólo buscar un acercamiento diferente, sino también lúdico con el firme propósito de proporcionar a un país en vías de desarrollo, un panorama más amplio sobre la sociedad humana.

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